Cada día se producen más de un millón de nuevas ciberamenazas en nuestro planeta, según varios estudios. En ese sentido, la instalación de software especializado para detectar y eliminar de forma temprana estos ataques «como antivirus y firewalls» es esencial, pero no es la única estrategia que debemos seguir para estar más seguros a la hora de usar nuestros dispositivos informáticos. Y es que la concienciación y el conocimiento de las mejores prácticas es una parte igual o más esencial de este planteamiento global por la seguridad en el mundo digital.

Abrir un correo de un desconocido, hacer click en un link no confiable, descargar un archivo potencialmente malicioso o insertar un USB poco confiable son algunas de las acciones que cualquier usuario final hace en su casa de forma habitual y que, si no es educado para ello, también va a realizar en su entorno profesional. Si tenemos en cuenta que las personas son, en muchos casos, la última línea de defensa frente a las ciberamenazas, la falta de unas pautas y protocolos de protección adecuados es un problema muy serio a tener en cuenta. En ese sentido, lo primero que se debe realizar es un ejercicio de abrir mentes, de mostrar lo que sucede con esta clase de comportamientos irresponsables para, a continuación, detallar el camino y los procesos seguros a llevar a cabo de manera cotidiana.

De hecho, el corazón de las empresas y la sociedad misma son las personas que la conforman: son el origen y el fin de todo el círculo de los datos. Es por eso que existen numerosos riesgos cibernéticos que, por desconocimiento y desinformación, pueden situar a la compañía en una situación crítica.